16/1/09

Los Señores

Extrañas, fértiles correspondencias los alquimistas percibían en inverosímiles órdenes del ser. Entre hombres y planetas, plantas y gestos, palabras y el tiempo. Estas inquietantes conexiones: el grito de un niño y el roce de la seda; la espira de una oreja y la aparición de perros en el patio; la cabeza baja de una mujer durante el sueño y la danza matinal de los caníbales; estas son conjunciones que trascienden la estéril señal de cualquier montaje "voluntario". Estas yuxtaposiciones de objetos, sonidos, acciones, colores, armas, heridas, y olores brillan de manera inaudita, imposibles maneras.

El cine no es nada si no es una iluminación de esta cadena del ser que hace que una aguja colgada de la carne provoque explosiones en una capital extranjera.

El cine nos devuelve al ánima, la religión de la materia, que da a cada cosa su divinidad especial y ve dioses en todas las cosas y seres.

El cine, heredero de la alquimia, lo ultimo de una ciencia erótica.

"Los Señores", Jim Morrison