8/3/09

Creativa_mente x2

Cuando no hace mucho vi Vicky, Cristina, Barcelona me acordé de otras cien películas exaltadoras de los apasionantes conflictos de toda relación creativa.
Son demasiadas las películas, que al tratar las emociones dadas entre personas que han decidido no reprimir su creatividad, se centran en la parte más masoca y negativa de la relación; ésa donde la creatividad es progresivamente reducida a una cama paritoria de un ego que irá creciendo hasta alcanzar su mayoría de edad y convertirse irremediablemente en un monstruo. Imagen del ego artístico y maldito.
La mala noticia es que el ego se cuece en cualquier pequeño body artístico o no, la buena es que todos somos creativos por naturaleza, fácilmente sostenible siempre y cuando no acabemos sometiéndola a cualquier precio.
VCB de Allen muestra sutiles maravillas por encima de la ligereza de la que ha sido acusada la cinta. El personaje de Cristina ( Scarlett Johansson ) se presenta engañosamente como el de una rubia a botellazo sin demasiado criterio y una inestabilidad muy Monroe para acabar retratada como una estupenda fotógrafa capaz de tomar decisiones difíciles y de ir entendiendo procesos personales, Woody sorprende con rubias explosivas con más dotes que nunca. La relación entre los personajes de Bardem y Penélope no se centra sólo en la excentricidad de los dos artistas, sino en el engrandecimiento del ambiente que se crea cuando estos personajes consiguen una armonía donde cada uno de ellos aporta lo mejor de sí mismos: un paraíso no exclusivo de moralejas pro mundos sencillos y budistas, un campo no censurado para nadie, no minado para las mentes más complejas y creativas.
Me muevo entre no creer nada en la pareja o creer con emoción; sin estar muy convencida de ninguna de las dos opciones me parece que la combinación con más posibilidades, y tal vez la única combinación que merezca la pena, es aquella donde las dos partes son creativas. Esto puede sonar muy grandilocuente, pero se trata "sólo" de tener mundo propio, sin que tu manera de ganarte la vida tenga mucho que ver, pues el arte de las propias maneras se puede aplicar a cualquier actividad. Si la mayoría de parejas son una pesadilla es precisamente porque ninguna de las partes suele arriesgar creando siquiera detalles que enriquezcan la elección de estar juntos, se da por hecho que ahí han de permanecer y sobra; o porque uno de los dos gana por goleada en creatividad y acaba dominando al otro, o lo que es mucho peor, desmotivado por su reprimida pareja. Y digo que es mucho peor que el creativo sea reprimido a que sea dominante, porque de tener que haber un culpable siempre será más enriquecedor que el malo de la peli tenga un mínimo de imaginación a que sea un pusilánime, al fin y al cabo donde hay un punto destructivo puede haber creación, donde hay una mente ocupada en no salirse demasiado del tiesto no crecerá absolutamente nada.
Muchas parejas donde ambos o una parte han dedicado su vida a cualquier actividad artística suelen tener un halo siniestro, aunque las películas hayan dedicado demasiado tiempo a potenciar esta vena la realidad es que la literatura está petada de biografías donde la mayoría de artistas ejercieron de torturadores psicológicos de sus abnegadas mujercitas. Pero la realidad es mucho más dura. La realidad es que la mayoría de hombres (sociedad y educación obligaron excepto a los más valientes) fueron abominables con la mujer, sólo que hasta nuestras manos han llegado las vidas de los más brillantes y no las bios del resto de los hombres. A estos malentendidos hay que sumar los prejuicios contra las personas más sensibles y creadoras, esa hipocresía de deleitarnos con los artistas siempre que estén dentro de una pantalla o hayan alcanzado el éxito para rechazar sutilmente a los no elegidos condenándolos a la soledad y a la locura a base de convencerlos como locos. Y es que aunque mola mucho tirarse al rollo de admirar y valorar la rebeldía que conlleva desmarcarse de lo establecido, lo cierto es que a la hora de la verdad la mayoría elige citarse con el rebaño, donde todo es cómodamente predecible y no hay inquietantes cuestionamientos. No sería mal plan si no fuera por lo corto que es el viaje.

Ser artista no es la capacidad de desequilibrarse con originalidad y hacer alarde de ello, eso es lograr tu minuto de gloria. Tener arte es la capacidad que tiene cualquier persona de crear su propia escuela, escribir su leyenda, pintar su camino y diseñar su vida.
Si apuestas por alguien en ese camino ello debe suponer sumar a lo que uno ya es, no decidamos unirnos para invertir tiempo en cualquier cosa excepto en crear el uno para el otro... al final repercute en todos.
Incluso aquellos creadores tan demonizados, que no alcanzaban durante mucho tiempo la armonía, que se dañaron a sí mismos y como consecuencia a los demás; de no haber desarrollado y dedicado su vida a lo que sentían, de haber sido tipos vulgares sometidos a las dictaduras religiosas, familiares, sociales, hubieran sido, sin duda alguna, mucho peores. Y no nos habrían dejado, de lo suyo, lo mejor.
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