9/5/09

EL RETRATO DE DORIAN GRAY


Hace nueve años acababa de terminar la peor historia supuestamente sentimental que he vivido, resolvió dejar durante meses su maleta bajo mi cama para que su ego siguiera saltando bajo ella todo el tiempo que le diera la gana. Cuando leí el "El retrato de Dorian Gray" volví a acordarme de ese espeluznante narcisismo que seguro llegó a costarme unas libras de vida.

Entonces no tenía ni a Kuko ni a Maddy, y las colegas aparecían y desaparecían según la inercia de sus propias adicciones a otros Narcisos.
Yo tenía 24 años y un desolador panorama a casi todos los niveles, de lo único que podré vacilar siempre es de haber sabido inyectarme yo solita silicona en los ovarios. Aun así no soy ni parecidamente fuerte a lo que me gustaría, pero mi debilidad es de lo más autosuficiente. Para arriesgarme a que alguien venga a joderme otra vez necesitaría ser al menos tan divertido como Oscar Wilde y tan inteligente como el mejor de los payasos.
Aquel tiempo lo superé, en parte, gracias al contacto que mantenía con los niños en mis clases particulares. Daba clases en mi casa e iba casi todos los días de semana a casa de Irene y Pipo (su sensible y lunático cocker marrón). Irene tenía nueve o diez años, y aunque soy de tratar a los niños como adultos no sé si le llegué a decir el bien que me hizo tenerla cerca. Hace muy poco ella y yo quedamos en un sábado, unas cervezas y nueve años sin vernos. Ha querido que vuelva a darle clases para ayudarla de cara a la selectividad.

En nuestra segunda clase me pidió que le aconsejara un libro, le pregunté qué estaba leyendo; su padre (un profesor que intenta que su hija tenga tanto amor a los libros como él tiene) le había dejado EL RETRATO DE DORIAN GRAY. Le saqué mi libro, era exactamente la misma edición de 1970 que ella estaba leyendo.
Desde nuestra segunda clase este alucinante libro ya no me recuerda a aquellos malditos momentos que casi acaban conmigo, sino a la perfecta conexión que hay entre aquellos, estos, y los que vendrán. He de seguir aprendiendo a leer entre líneas, bajo ellas y, sobre todo, por encima.

Este post es para Irene y para la historia que ha pasado a sus manos.
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El placer es la única cosa digna de tener una teoría. Pero temo no poder reinvindicarla como mía. Pertenece a la Naturaleza, y no a mí. El placer es la piedra de toque de la Naturaleza, su señal de aprobación. Cuando somos dichosos somos siempre buenos; pero cuando somos buenos no siempre somos dichosos.
Ser buenos es estar en armonía consigo mismo. Y no serlo es verse forzado a estar en armonía con los demás. La propia vida, esta es la única cosa importante. En cuanto a las vidas ajenas, si se quiere ser un pedante o un puritano, puede uno extender sus miradas moralizadoras sobre ellas, pero no nos conciernen. Además, el individualismo es realmente el fin elevado. La moralidad moderna consiste en alistarse bajo la bandera de su propio tiempo. Yo considero que el solo hecho de alistarse bajo la bandera de su propio tiempo es un acto de la más indecorosa inmoralidad.
"EL RETRATO DE DORIAN GRAY" (OSCAR WILDE)