26/6/09

Por qué lo llaman fanatismo cuando quiere decir amor

"BILLIE JEAN" Versión Madonna 1985 THE VIRGIN TOUR



Da igual que vayan pasando las horas, se nos hace extraño asumir esta muerte; da igual lo excéntricos, sencillos, discretos o cantosos que puedan ser los genios, todos tienen en común el don de la inmortalidad, y no me refiero al legado, me refiero a la sensación de broma macabra que rodea esa hora de la que nadie puede escapar. Se va. Pero uno queda tentado a imaginar que habita en algún secreto pero terrenal lugar al cual sólo Elvis y otros privilegiados más pueden llegar.

Soy mitómana.

Y me parto el aSS de ese tufazo autosuficiente que desprenden los que no pierden ocasión para declararse no-mitómanos, orgullosísimos de su sentido común. Lástima que no sepan que rendir culto a seres de carne y hueso es uno de los mayores placeres que existen.

Siempre tendemos a simplificar y, si ese día estamos ingeniosos, a ridiculizar; por ello no nos molestamos en apreciar las diferencias entre mitómano y fanático, el primero tan cerca del amor como el segundo de la obsesión. El fanático tiene ida la pinza a priori, y el ídolo le sirve más que nada para proyectar todos sus movidones; grita, se araña la cara, y se hace la plancha en el pelo con sus propios dedos cuando el ídolo está cerca, pero luego le invade una sensación de empane al no sabe muy bien por qué ha caído en exagerado trance. El verdadero amoroso, aunque lo prefiera, no necesita tener físicamente cerca al ídolo para sentirse inspirado y, lo que es mejor, sabe perfectamente qué le aporta lo adorado, reconoce e identifica con precisión sus sentimientos.
Durante algunos años me creí algo más fanática de Madonna que mitómana, había sido admiradora de ella desde q tenía unos 9 años y nunca había tenido oportunidad de verla, lo cual me generó una imagen endiosada hasta el punto de temer el momento de verla en directo. Meses antes machacaba a mis colegas sin parar de preguntarles a todas horas: pero, y si me quedo pajarico? son más de 20 años de fan, y si me desmayo? y si me da ansiedad? y si me falta el aire? y si no puedo salir de allí? YSIIIIIIIIIIIYSIIIIIIII. Pero ese día llegó, y el día que estuve viéndola en primeras filas y comprobé lo reconfortante que era ver de tan cerquita a la propia Madonna en carne y hueso (más hueso que carne, todo hay q decirlo), entendí que el amor que yo sentía por esta persona y por todo lo que nos ofrecía era lo más sano y mágico que podía sentir. Me dejé llevar por esas sensaciones que me recordaron a cuando, de muy joven, comienzas a conocer la noche: las luces brillan en otra escala, la música tiene un eco incitante y los colores te toman el pelo derivando en formas.

Mi coco no contempla la posibilidad de que la-Mado un día se disuelva (paso incluso de poner el verbo), y aunque me ha dolido muchísimo la pérdida de Michael J; en lo que más pienso es en todos esos fans que esperaban con el corazón en un puño el renacimiento de su ídolo. Personas que cumplirían el sueño de ir por fin a uno de sus conciertos, personas que creían que su ídolo merecía una segunda oportunidad, que ellos mismos merecían otra oportunidad de ser felices a través de su música y su arte. Y es patético que no se respeten estos sentimientos que para tantas personas son devastadores. Se respeta que llores por la muerte de un familiar al que no podías ver ni en pintura rupestre, pero no se respeta que llores por un supuesto desconocido al que, quién sabe, puede que le debas más que a la mayoría de tus conocidos.

Tuvo el mundo a sus pies, y no supo esquivar tal zancadilla, ¿quién puede juzgar eso?
Si atendemos a Hermann Hesse y a su excitante visión de que todos somos muchos en uno, su muerte puede servir para que el Michael que nos entristeció se vaya para siempre, y el genio que recordamos con la misma nitidez que hace más de dos décadas, se quede por siempre con nosotros.