24/1/10

Paraíso sin tetas y con esperanza

La madrugada del viernes al sábado vi por MTV España HOPE FOR HAITÍ NOW. Si duro resulta ver las imágenes de Haití de día (bien despierta-descansada-alimentada), más confuso resulta ver las mismas imágenes a las tres de la mañana, con un ojo cansado que no quiere ver más lo que no entiende, y el otro escudriñando cada lisiada cabeza infantil. Esas insoportables realidades a veces me lo parecen tanto que dudo que ocurran, entonces pienso que toda esa información es generada por un microchip que llevamos implantados o por un maldito sueño del que despertaremos para sentir como todo el mundo tiene una mínima válvula de escape. Tal vez suene a autoengaño o a cerrar los ojos... no mientres ayudes. Lo que ocurre
sencillamente es que algunos somos incapaces de aceptar que la desgracia sea una realidad tajante, cerrada, sin magia ni truco final. Siempre buscamos un poco más allá, de lo contrario la vida perdería todo su sentido, y sin sentido yo pasaría totalmente de vivirla; si sigo aquí es porque sé que la magia puede sorprenderte en cualquier parte. Pues en muchas partes la encuentro, donde más, en la música. Así que ahí estaba yo, rezando padentro para que las imágenes editadas del telemaratón no me hundieran por completo y deseando ver la actuación de mi adoradísima Madonna.
Entonces, nada más empezar, me llevé un inesperado sorpresón... Shakira aparece cantando y a pesar de que ya han pasado tres segundos y cuarto no parece que haya movido aún ninguna teta. Dejo que pasen algunos segundos más..., increíblEH! No despego los ojos de ella, es la primera vez en muchos años que veo a Shakira tan maravillosamente dulce, con una belleza indescriptible... Al principio de su carrera esta mujer me encantaba, tenía una personalidad diferente y especial, con unas letras alucinantes y una manera de moverse nada vista; luego he flipado como ha acabado dándole pezonazos al micro y empinando el culo hasta crear un nuevo concepto de zoom para delicia de cualquier cámara (ver vídeo LOBA entre otros). Disfruto de su actuación y de su sensibilidad considerando que es una auténtica pena que sólo en contadas ocasiones como ésta las cantantes dejen de competir entre ellas por ser la pornostar con mejor voz y decidan ofrecernos algo auténtico. Madonna, hace unos 25 años, con su Like a virgin, ya se restregó por el suelo como gata que lleva el celo demasiadas semanas. Entonces hacer aquello suponía el riesgo de ser apedreada por toda la puritana sociedad norteamericana, como mínimo suponía una provocación. Así que pasado tanto tiempo de aquello, cada vez que veo a alguna cantante que no sea Madonna haciéndose la transgresora sexy me da la risa.
Sigo viendo el resto de actuaciones, Bruce Springsteen, Steve Wonder, Sting... Todo los chicos han estado geniales, entre las chicas sobra demasiada pestaña postiza y morros rojo-pasión que no vienen a cuento, me vuelvo a acordar de Shakira y de su actuación perfecta para una noche como ésta. Sé que ninguna chica más va a estar a su altura, excepto, como no... Madonna.

Comienzan a sonar los primeros acordes de LIKE A PRAYER, y aunque es tardísimo y todos mis pelos se fueron a dormir mucho antes que yo, noto como se me despiertan para ponerse en plan escarpia. Me estremezco. El temazo es una maravillosa elección entre un repertorio de cientos de canciones, y se trata del título que elegí para escribir el último post sobre el terremoto:"Like a prayer for Haití". No puedo evitar sentir magia con "la coincidencia". Sigo emocionada toda la actuación: Madonna está entregada, nerviosa, desprovista de todos sus montajes, de todo su obsesivo control, apenas habrá tenido unas horas para preparar su actuación cuando ella, debido a la presión que supone ser la artista más exitosa de todos los tiempos, dedica meses a que cuaje cualquier mínimo detalle; pero se ha tirado de cabeza con todos sus miedos, incluido el eterno juicio al que someterán siempre su voz al desnudo.
Madonna ha estado como siempre y como nunca.
Hipnótica como siempre.
Sencilla, humilde y triste como nunca.
Nunca, que nunca se repita, que verdaderamente sea una oración.