22/9/11

Delfines en Cabo de Palos


Bajo con kuKo a darle su paseo matutino cuando encuentro a Dolo disfrutando en su terraza del privilegiado paisaje y haciendo guardia para el nuevo invitado que ha conquistado nuestra playa. Dolo me cuenta que un baby-delfín se ha acercado, dio el aviso y ahora están pendiente de que aparezca de nuevo y poder ayudarlo. Así que en lugar de seguir el paseo por las rocas, nos quedamos cerca de la playa porque nada me gustaría más que divisar esa pequeña aleta. Pero como es mi habitual suerte en lugar de delfines encuentro tiburoncicos, y de los que también respiran fuera del agua.
Paseo con mis ensoñaciones delfínicas cuando...

-¿Te c a s a s t e e e e e?!!!!!!!!!!
Oigo que me grita una mujer del pueblo a una distancia que supera bastante el tiro de piedra.
-¿Quéeeeeeeee?
Digo con gesto de flipadura total, alucinando que con esa pregunta a modo de saludo no lleve intro alguna, ni siquiera un gracioso carraspeo rural.

-Que digo yo que si te casaste, que no me acuerdo lo que me dijo tu madre.

-¿Pero por qué me iba a casar yo?

-Pos hija, porque to el mundo lo hace.

-Pues sí, to el mundo tiene derecho a equivocarse.

Parece que, por unos segundos, se toma la molestia de intentar entender mi respuesta. Pero al final decide que, con el trabajo que le espera en casa, mejor no malgastar energía en solteras con respuestas raritas.

Así que me mira fijamente esperando algún tipo de información, si tengo novio, si he cortado hace poco, si aún estoy conociendo al sujeto, todo ese tipo de justificaciones compulsivas que se dan a inesperadas preguntas. Pero no añado nada a lo dicho, la miro sonriendo y aguantando gustosamente un salado silencio, curiosa de saber qué dirá ahora.

-Pos también es verdad.

Sé que lo dice sólo a modo de despedida y para tener la última palabra. La mujer casada y yo seguimos cada una su camino, nos encontramos y nos alejamos de la misma manera, ambas solas y paseando a un canino blanco. La única diferencia entre la mujer casada y yo es que mi compañero es macho y ella, quién sabe si por su civil estado, ha elegido a una hembra.