9/9/11


Si alguien se atreve a crear una película donde una muñeca hinchable encuentra su corazón y cobra vida sólo pueden ocurrir dos cosas: que salga una obra excepcional o la peralta más alta. Yo vi anoche lo primero.

Nozomi es una muñeca con la que un menda no sólo se atiborra cada noche de sexo sin-tético, sino que la convierte en sustituta de su ideal de mujer: vacío interior, plástico fino y veneno en la piel. Como metáfora a tanto afecto recibido Nozomi encuentra su corazón.
Mediante imágenes de una belleza tan clara y luminosa como la mismísima escama de la protagonista, la material-girl va de cabeza al descubrimiento del gozo y el dolor de una vida que se le presenta en principio con la misma impresionable inocencia de una infancia que no ha conocido. Las pocas malas críticas han reprochado que ese recorrido vital tan profundo exija demasiado contenido que habría que dirigir con más maestría. Hirokazu Koreeda, director ya de culto y por ello generador maldito de altas expectativas, no sólo logra transmitirnos todos sus mensajes sino que lo hace a través de una "realista" poesía acompañada de bella música cuentista. Su fotografía adictiva ayuda a regalarnos todo lo que se propuso: el efímero y cruel peso del vacío, la importancia de dejarnos insuflar aire por el otro, la soledad desinflada, el amor como el gran acontecimiento que te hará flotar.
¿Demasiada trascendencia para el recorrido de una muñeca en menos de dos horas? Todo está tan currado como para que en este caso sea cuestión de fe y de cómo te pille el cuerpo, lo más propable es que "Air Doll" logre una profunda exfoliación plasticoide en muchas de tus capas. Tal como dispara otro de los sublimes mensajes que afortunadamente no descartó a la hora de elegir los múltiples vestidos emocionales de su muñeca: mientras tengas las manos frías y la sangre caliente podrás siempre reciclarte, si es el plástico lo que más te envuelve no encontrarás lugar ni para incinerarte

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