26/11/12

PILI.

Se llama Pili, y fue salvada de esa muerte segura que les espera impaciente en medio de carreteras de grandes centros comerciales a hora punta de un sábado por la noche. Mi hermano y su chica pararon cerca de la Nueva Condomina cuando vier on que de los cientos de coches que pasaban sólo uno evitaba que fuera de nuevo atropellada. Mucho tráfico e imposibilidad de moverla por el dolor extremo en una pata, no es un animal pequeño y manejable, mi hermano me llama algo asustado, yo no puedo hacer más que buscar por la red una casa de acogida o protectora. Se presenta una pareja de policía que venían a multarle por no llevar chaleco reflectante, él explica el protocolo con perros atropellados, si nadie se hace cargo del perro no hay servicio siquiera para una cura mínima, aunque estuviera echando sangre por un tubo lo único q se hace es comprobar el chip y si no tiene se sacrifica directamente. La chica-poli le dice al compi que miau, se pasa el protocolo por donde le llega su mismísima melena sospechosa de tendencias heavys, por el culo. Así que entre todos logran meter a la perra en el coche de mi hermano y son "escoltados" hasta una clínica veterinaria. Allí comprueban que los órganos no están dañados aunque la cadera parece que está tocada. Con la urgencia de encontrar un lugar seguro para su recuperación las tres parejas hablan y comienzan a conocerse con la fluída inquietud de los desconocidos que acaban de complementarse, y como un cúmulo de buena gente suele atraer a otra tanta, aparecen los amos de Pili que llevan horas buscándola, la mujer se deshace en lágrimas y no puede creer que su perra haya sido el centro de atención de unos jóvenes que decidieron gastar tiempo y dinero de un sábado (más bien de varios) en salvar a un perro del que tendrían que hacerse luego, de alguna manera, cargo. Hay gente pa tó, señora, hasta pa´ lo bueno. Los rescatadores y amos se despiden, agradecidos, extrañados y excitados por la aparición de un findesemana diferente y revelador de la mejor parte de uno mismo, esa parte que te lleva a conocer a aquellas personas que acaban apareciendo cuando te dejas llevar por la carretera más desinteresada de todas las rutas que nos tientan. Los demás poco más que figurantes. A mi hermano Samuel, a Carolina, y a toda la gente buena que deseo, interesadamente, conocer.