19/7/13

Lágrimas en la lluvia

No hay nada en lo que confiemos más que en la propia memoria. No me refiero a la capacidad de retención para fechas, nombres y datos concretos, sino a la confianza que ponemos al considerar que las cosas han ocurrido tal como las recordamos. Y esto es porque, de primerísima entrada, no dudamos que hayan sucedido. Pienso, luego existo; recuerdo, luego confirmo.

Antes de que la ficción representara el concepto de "memoria manipulada" de una manera tan directa y atrevida, antes de que los argumentos futuristas lo presentaran como algo fantasioso y aun así espeluznantemente amenazador y, "yendo" directamente al presente, antes de que se publicaran estudios científicos sobre ciertas teclas del cerebro que de tocarse modificarían nuestra visión de toda una vida pasada, antes de todo ello y de ello no hace tanto, el humano no se planteaba que nuestra amada memoria pudiera ser pura invención.
Parece ser que todos los tiempos fueron malos tiempos aunque éste nos parezca el peor, pero sí es verdad que éste es un tiempo en el que hemos desarrollado la suficiente creatividad, intuición, libertad de expresión y la suficiente investigación científica como para que podamos dudar de lo inquebrantable, como dudar de la autenticidad de una memoria sana y "standard", de una memoria que no ha sido dañada siquiera por el paso del tiempo.
El libro de Rosa Montero "Lágrimas en la lluvia" trata mucho más que de criaturas conscientes de una memoria inventada, pero fue lo que me atrapó para seguir leyendo. ¿Serán muchas las personas que fantaseen sobre la posibilidad de que los recuerdos y, en definitiva, la realidad, son en esencia pura fantasía? Es decir, ¿Existe el polo radicalmente opuesto a la esquizofrenia? Personas tan conscientes de lo poco que sabemos que se atrevan a dudar de todo lo que nos hace creer el cerebro, memoria incluida. Como si nuestro cerebro nos ordenara proyectarnos saltando de película en película tal como ordena billones de veces a cada uno de nuestros músculos. El libro de la genial y visionaria Rosa no se pierde en espirales filosóficas, es mucho mejor que eso, nos hace pensar a través de la acción, una historia intrépida y emocionante como la mismísima Blade Runner que te lleva a preguntarte acerca del imprescindible calor de la memoria, así como de las diferencias y similitudes de las distintas especies: humanos, replicantes, animales, extraterrestres... Cómo las diferencias nos aterran hasta el punto de buscar la supremacía a cualquier precio, la búsqueda del poder para conseguir la uniformidad del sometimiento. Y cómo la necesidad de protección y amor palpita agazapado bajo el caparazón de todo ser sintiente. Si no se cree plenamente en ello, si no se considera la vulnerabilidad individual por encima de las etiquetas de género, clase social, especie..., sólo primará la pulsión del miedo y la repulsión del poder. Montero lo refleja a la perfección a través de la anulación de derechos tan básicos como un aire limpio y respirable por el que habría que pagar, la especulación acabaría de invadirlo todo.
Éste es un alucinante libro disfrazado de futurismo cuya trama principal es la dignidad del ser vivo en el único tiempo en que se puede conjugar: presente. Con él podemos jugar a dudar del cerebro todo lo que nos apetezca, las bases del alma seguirán siendo siempre las mismas. Para todos. Siempre.