27/12/15

El sentido de la vida

Texto de Álex Rovira (Prólogo de "El sentido de la vida" de Elisabeth Lukas, sobre el pensamiento esencial de VIKTOR E. FRANKL)

"En raras ocasiones tenemos el privilegio de leer un libro cuyo contenido sea tan revelador, lúcido, honesto y extraordinario que, tras su lectura, se produzca un cambio significativo en la visión de la existencia. Por ello me alegro y celebro, amigo lector, que esta obra que está leyendo en estos momentos haya llegado a sus manos.
Viktor Frankl era doctor en medicina. Nació en Viena el 26 de marzo de 1905 y sobrevivió a la experiencia de cuatro campos de concentración Nazis, incluyendo el de Auschwitz, desde 1942 hasta 1945. Sus padres, esposa y familiares fallecieron en el Holocausto. Debido a estas terribles experiencias y a su propia alquimia interior, el doctor Frankl desarrolló una aproximación revolucionaria a la psicoterapia conocida como LOGOTERAPIA o terapia basada en en SENTIDO. Sus más de treinta libros han sido traducidos a 26 idiomas y fue reconocido con 29 doctorados honoris causa en diferentes universidades del mundo. Enseñó en la Universidad de Viena hasta los 85 años de edad de forma regular y falleció el 3 de septiembre de 1997.

El autor, que vivió la destrucción total de su entorno y el exterminio de sus seres queridos, que padeció hambre, frío, las peores brutalidades imaginables y que tantas veces estuvo cerca de la muerte, aceptó que la vida era digna de ser vivida. Su obra es revolucionaria precisamente porque se sumerge en la esencia del sufrimiento humano llevado al límite, así como en los mecanismos psicológicos que nos llevan a manifestar los mejor y lo peor de nuestra especia. Pese a las circunstancias que fraguaron su obra, su aportación se caracteriza por un mensaje extraordinariamente positivo sobre nuestra capacidad para superar adversidades y construir una vida con sentido no sólo para nosotros mismos, sino para los demás.

Frente al discurso pesimista, la indolencia, el nihilismo, la pereza, el cinismo, el análisis banal o la apología de la resignación, la experiencia y el mensaje de Viktor Frankl se hacen hoy más necesarios que nunca, tantos años después de aquella terrible situación para la humanidad. Ya entonces el doctor Frankl defendía que lo que verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida, ya que en realidad no importa que no esperemos nada de ella, porque es ella quien espera algo de nosotros, y esta respuesta no tiene que estar hecha de palabras ni meditación, sino de una acción coherente basada en el compromiso con el otro, en el bien común. En última instancia, repite Viktor Frankl a lo largo de su obra, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

Y para ello, una de sus mayores aportaciones nace de un enunciado aparentemente simple pero profundamente revelador: la última de las libertades humanas, la libertad esencial, aquella que nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud, por difíciles, dolorosas, o complejas que sean las circunstancias. En efecto, las experiencias de la vida en un campo de concentración muestran que el hombre tiene tal capacidad de elección.
En ese sentido, el autor señala que aquellos que estuvieron en campos de concentración observaron a algunos hombres de iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo esta última libertad para decidir su propio camino.

Y es precisamente esta libertad que no nos puede ser arrebatada la que hace que la vida tenga sentido y propósito.

En consecuencia, si existe tal libertad incluso ante la más grave crisis, el dolor, el sufrimiento y la muerte, el ser humano no está totalmente condicionado y determinado, sino que es él quien determina si ha de entregarse a las situaciones o hacer frente a ellas.
En otras palabras, el ser humano en última instancia se determina a sí mismo. El hombre no se limita a existir, sino que siempre decide cuál será su existencia y lo que será al minuto siguiente, argumental el doctor Frankl.
Y es que el sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no puede apartarse la muerte, porque sin ellos la vida no es completa, no es real: sería una ficción. Muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil lo que da al ser humano la oportunidad de crecer más allá de sí mismo.



Pero entonces, ¿qué es lo que nos sostiene ante la adversidad, ante la dificultad o ante lo aparentemente imposible de superar?, cabe preguntarse. La respuesta que aporta el doctor Frankl es contundente: en esencia, la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. En uno de sus fragmentos más conmovedores de "El hombre en busca de sentido", escribe: "Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad (aunque sea sólo momentáneamente) si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente (con dignidad) ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido."
Y esa contemplación no sólo se convierte en el oxígeno anímico que le puede aportar algo de felicidad ante un entorno terrible, sino que de hecho se trata de la palanca para la esperanza necesaria que nos permite seguir viviendo.
Luego, el amor a un ser amado e incluso el amor a una tarea que realizar (amor y creatividad, en definitiva), son los pilares sobre los que se construye la esperanza y el sentido de la vida; son las respuestas al "´¿Por qué vivir?". Por ello, "quien tiene un porqué para vivir, encontrará siempre el cómo" solía decir el doctor Frankl. Pero para el alcance de ese sentido hay que ser capaz de trascender los estrechos límites de la existencia centrada en uno mismo, y creer que uno puede hacer una importante contribución a la vida, si no ahora, en el futuro. Esta sensación es necesaria si una persona quiere estar satisfecha consigo mismo y con lo que está haciendo, creando de este modo una vida con sentido, desde un yo que deviene un nosotros y desde una entrega al presente que crea un futuro construido desde la conciencia y el amor.

Por ese motivo conviene celebrar la existencia de este libro que ahora acompaña al lector. En él encontrará reflexiones de un calado profundo, llenas de lucidez, amor, bondad y esperanza. Su lectura no le dejará indiferente, ya que la obra del doctor Frankl habla desde el alma. Como leí en un artículo de Jordi Nadal, editor de esta obra: "Leer a Frankl en las radiografía de nuestra alma. Si su lectura deja trazas en nuestro interior, estamos en el camino del sentido. Nuestro cuerpo y nuestra vida han madurado, y somos personas que pueden ser designadas como seres humanos: aquellos que tienen derecho a aspirar a la felicidad. Por ello, su lectura y reflexión sobre su obra es una experiencia irreversible. No es que mires al mundo cambiado, es que has cambiado. Leer las páginas esenciales de este autor es tocar el tuétano de nuestra existencia".

Coincido plenamente con mi amigo y editor. Ambos creemos que en nuestra experiencia lectora no hemos encontrado nada más revelador que la obra del doctor Frankl. Leer sus reflexiones y experiencias crea libertad y nos lleva a descubrir que el trampolín hacia ella reside en nuestra conciencia y amor; en el simple gesto de elegir en cada momento nuestras actitudes positivas, activas y constructivas basadas en el bien común y el la voluntad de sentido.

Entren en estas páginas y descubran su derecho a la felicidad y a la realización. Aquí encontrarán muchas llaves para abrir las puertas que conducen a ellas.
Bienvenidos a la celebración de la vida de la mano de un gran maestro.
Con profundo afecto y amistad..." ÁLEX ROVIRA.




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