Los gatos más felices del mundo

Para ser feliz, a un gato le basta una caja; mucho mejor si se le ciñe al cuerpo para disfrutar de la sensación de "sentirse compacto".
Todos seríamos más felices si aprendiéramos de los felinos, llenando la sensación de vacío sin necesitar más que nuestra quieta y calma presencia.

Habrá que aprender a sentirse acogedor con uno mismo, bajo nuestra piel y pelo, tanto como para que el simple acoplamiento en una caja nos proporcione un justo placer ronroneante.


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