22/2/17

Captain Fantastic and mierdastic

"Captain Mierdastic" es esa peli donde Viggo Mortensen sigue estando igual de bueno y da vida a un personaje como dios, por mucho ateísmo que protagonice. Sin embargo, lo único que tiene de fantástico esta película es cierta capacidad para convertir lo siniestro en un flower-power de raíces bipolares. 
Buena parte de su rebelde colorido es una astuta manipulación para hacer apología de la caza. El "mandamiento" que para ello se escoge es muy atractivo: si los niños se enfrentan a una pura supervivencia desde temprana edad, si trabajan duro, si no temen a la sangre, si se enfrentan a las "bestias", si cazan con sus propias manos lo que comen; entonces, serán adultos de espíritu fuerte. Todo ello decorado por un marco anti-sistema donde se cuestiona comer animales "de supermercado". 

El gusto por matar animales está siempre presente de, manejado sutilmente en momentos clave para que no se le vea el plumero rojo y en carne viva, como los primeros fotogramas en acción o el intento de un abuelo por cuidar de sus nietos. 

El consejo que Viggo le da al abuelo para mantener contentos a sus hijos es directamente: "Llévalos de caza, les encanta." Incurriendo en una contradicción que pasa casi desapercibida. Si la educación que el personaje de Viggo da a sus hijos se basa en un consumo básico, si su principal obsesión es sobrevivir alejado del consumismo capitalista, si se caza sólo por supervivencia, sólo lo que se ha de comer, cómo es que, a la misma vez, "matar por matar" se convierte en el mayor y mejor pasatiempo que un abuelo puede ofrecer a sus nietos. 

Qué importa que el espectador sea vegetariano o no, que sienta más o menos empatía por el reino animal, "el consejo" se convierte en una deposición boñigal que desvela la manipulación argumental y desmonta toda la filosofía. 

Matt Ross, piense y coma lo que quiera, pero como creador de historias debe saber que hay pocas cosas más sistemaloides que matar animales, ni nada más delirante que animar a un niño a hacerlo. Casi convence con una preciosa fotografía, un Mortensen insuperable, su ideología de ecologista flautista de Hamelín, unos niños inocentes y la explotación de otros recursos angelicales. Casi nos engaña, pero para aquellos que vean más que con los ojos, su peli fracasa en sus pretensiones de rebeldía, es un charco de sangre más, solo que edulcorada ridículamente. Deje de hacer el indio y de proyectar las flechas como algo naif, salga del armario y cómprese una buena escopeta.

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