18/2/18

Expedition Happiness - Selima Taibi, Felix Starck & Rudi Starck-Taibi





La sutil diosa Selima, su chico Félix y el canino hijo de ambos, Rudi, nos guían en una travesía de deslumbrante fotografía por Estados Unidos, Canadá y México.

El plan inicial es una ruta salvaje en busca de la felicidad que improvisará localizaciones y desviaciones, ruta marcada por el poco marcaje, concentrarse en el momento para atraer la dicha.

El plan, que con tanto mimo amasan mientras con sus propias manos construyen un hogar dentro del autobús que nos conducirá, se va desquebrajando con una uniformidad inconfundible: la de la frustración reveladora.
Los culos inquietos que huyeron de una vida cómoda en busca de aventuras enriquecedoras se topan con el mayor riesgo de todos: la posibilidad de que escapar de la Zona de Confort como único Leitmotiv esté sobrevalorado, que demasiadas veces sea un boom, una estrategia más de marketing social postureico, o un truco más emocional que emocionante.

Este riesgo, como otros, es superado cuando la lección se asimila por amor andante. Y ellos lo hacen.
Pues, mientras viajamos con ellos, descubrimos que no son sólo esos culos inquietos, a lo largo de los sucesos que con tanta pureza integran, nos enamoramos de tres espíritus delicados y tenaces destinados a compartir con nosotros una experiencia alucinante. Experiencia no fácilmente descriptible por su grandeza. Pero mucho tiene que ver con esa pretensión aventurera que al frustrarse revela la cruda y anti-wonderful realidad.
Que por importantes que nos creamos, por seguidores virtuales que haya observando nuestro periplo, por mensajes zen que nos tatuemos, mientras que esta sociedad sea el estiércol que es, mientras no seamos más que números bípedos puteados por burocracias homicidas, mientras toda esa negatividad sea inamovible y paralizadora, creerse un todopoderoso trotamundos es otra estafa más.

La pareja y su Rudi se enfrentan a los obstáculos y convierten lo que podía ser esa estafa romántica e idealista en bellísima conexión, y equilibrio entre los deseos de impresionar y la necesidad de proteger lo más querido.
El riesgo era mucho más significativo de lo esperado, sobre todo si viajas con un animal no humano, cosificable en cualquier momento.

En toda aventura se ha de asumir peligros, el riesgo es parte del juego, pero si las reglas suelen estar a merced de lo abusivo, si la desconfianza domina nuestro universo y en lugar de un explorador eres un sospechoso hasta que no se demuestro lo contrario, lo que al final importará es contar con un techo firme en el que cobijarnos, un suelo abatible (que también puede fallarnos), pero reconocible, en las antípodas de fronteras que nos traten como criminales, contar con cuatro entrañables paredes donde soñar con preservar las únicas posesiones sustanciales: soñar con la salud, el amor y la dignidad por encima de cualquier sueño escapista.

Para llegar a esa valiosa sencillez el protagonismo inconsciente del perro RUDI es la clave más incorruptible y sólida de toda la historia. Hasta el punto de que deja de ser historia, se convierte en joya, y jamás acaba.








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