2/3/18

Muchos hijos, un mono y un castillo - Filmoteca de Murcia


Si alguien me hubiera dicho que tres meses después de la muerte de mi padre iba a pasarme más de una hora riendo hasta bufarse el lagrimal, muy digna y ofendida le hubiera llamado psicópata.
Pero eso es lo que pasó anoche en la Filmoteca de Murcia, me pasó a mí y a todos los que petaron por completo la sala.

Somos capaces de atraer las películas que necesitamos ver en un preciso momento, creo que el arte tiene esa magia para lanzarte sin censura ni complejos mensajes que tu fuero interno proyecta. 

Hay razones íntimas por las que ver esta historia me recompuso. La primera razón debe ser siempre la más divertida, es decir, sean cuales sean tus circunstancias, esta peli cura a cualquiera por sobredosis de risa. A partir de tal base poderosa y relajante, mucha punta puede sacarse. 
Yo me quedo con lo que más entendí, con lo que más de cerca me toca: madre cuya energía psíquica absorbe galaxias, la surrealista actividad de unos hijos que aman por encima de la "lógica espacial", aceptar el Caos como si éste fuera otro miembro más de la familia hasta el punto de ponerle un plato en la mesa, la acumulación de recuerdos y reservas misteriosas que crean subtramas infinitas, la obsesión con la muerte de los seres queridos, la enternecedora figura de un padre que ha logrado sobrevivir en los márgenes de una existencia peliculera. 
Sí, indiscutible que Julia sea fascinante, pero Antonio es ese gran puntazo prudente sacado de una viñeta de Forges.

Ay, nuestros padres y sus andanzas, con qué nitidez se captan y se recuerdan cuando ya no están.
Muuuchas gracias, Gustavo & family.











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